La década del sesenta marcó una actividad casi febril de Feijóo, que lo consolida como una de las voces indispensables de la intelectualidad cubana. Al tiempo que publicó sin cesar poemarios, antologías de cuentos y tradiciones populares, o realizó exposiciones de sus creaciones pictóricas, mantuvo su labor al frente de la editorial universitaria, de las revistas que dirigía y viajó por varios países de Europa y Asia. En las décadas que siguientes recibió numerosas condecoraciones y premios literarios. La Gaceta de Cuba le dedicó en 1974 un número especial por su sesenta cumpleaños.
Su extensa obra poética tiene, entre sus temas fundamentales, la belleza y el encanto del paisaje rural, así como una reflexión permanente sobre el ser humano y sus relaciones con el mundo. Sus textos poéticos alcanzan una gran intensidad, reconocida por algunas de las más prestigiosas voces de la cultura cubana; entre ellas las de Cintio Vitier y Virgilio Piñera. Estuvo vinculado al grupo Orígenes y fue colaborador asiduo de su revista.
Su obra narrativa está marcada igualmente por el ámbito rural, las tradiciones y el folclor campesino, así como por la mitología afrocubana. Destaca significativamente su novela Juan Quinquín en Pueblo Mocho (1964), llevada al cine unos años después, así como el volumen de relatos Cuentacuentos, que le valiera el Premio de Cuento Luis Felipe Rodríguez, de la UNEAC en 1975.
Posee una obra ensayística apreciable, en la que se destacan sus estudios sobre poesía cubana, fundamentalmente los dedicados al estudio y evolución de formas poéticas como la décima y el soneto.
Fue un estudioso apasionado del folclor cubano, tema que lo llevó a recorrer campos, pueblos y bateyes en busca de mitos, leyendas y tradiciones populares. Relevante es su recopilación de dicharachos, trabalenguas, refranes, adivinanzas, cuartetas, décimas antiguas e historias de campos, fruto de su laboriosidad etnológica. A ese afán, se deben textos sumamente valiosos e imprescindibles para el estudio de la cultura popular en Cuba, entre ellos El negro en la literatura folklórica cubana (1980), Mitología cubana (1980) y Mitología americana (1983).
Desde los años 40, se inició en la pintura, que tiene como tema fundamental el paisaje rural. Utiliza con frecuencia la acuarela por considerarla el medio exacto para lograr las “transparencias deliciosas del paisaje cubano”, aunque su obra abarca óleos, temperas, dibujos, aguafuertes, caligramas, monotipias, entre otras técnicas. Participó en numerosas muestras colectivas, entre ellas 50 Años de la Revista de Avance, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Cuba) en 1977; la I Bienal de La Habana en 1984; Künstler aus Kuba, en la Galerie Junge Künstler de Berlin en 1986 y Maestros de la Pintura Cubana, en el Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño de La Habana en 1991. En 2008 el Museo Nacional de Bellas Artes (Cuba) de Cuba organizó una gran retrospectiva de su obra plástica que, bajo el titulo de Un sol desconocido, reunió cincuenta y dos obras de sus diferentes etapas creativas.
Fundó y dirigió las revistas Islas 1958-1968 y Signos 1969-1985, en las que la plástica ocupó un lugar representativo y en las que desarrolló una importante labor editorial y de difusión de la cultura popular. Ejerció el periodismo en rotativos como El Mundo y Juventud Nacionalista, y colaboró con notables revistas culturales, entre ellas Bohemia, Carteles y Orígenes.
Muerte
Falleció el 14 de julio de 1992 en La Habana, en el Hospital Calixto García. Fue sepultado el 15 de julio en la Necrópolis de Colón.
















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